Anatomía del poder


Bella Unión, Uruguay: tierra de hombres

Gracias Libertinus, por estar allí y contárnoslo con tus fotos

http://www.flickr.com/photos/libertinus/sets/72057594069360555/

Lo importante es que nadie proteste

Alto y claro lo dijo Consultor Anónimo. ¡Bravo!

Con cuántos otros aspectos de la vida pública sucede lo mismito.

Sin ciudadanos no puede haber democracia, sólo su apariencia.

¿Responsabilidad social corporativa?

Mientras los accionistas lo permitan ó
jajajajajajajajajajajajajajajajajaja!

Caricaturas de Mahoma

(Madre mía, en qué tema/berenjenal me voy a meter)

Todo el mundo a estas alturas saben que algunos musulmanes están algo enfadados por unas caricaturas de Mahoma aparecidas en un períodico danés. Su enfado es tal, que una parte de ellos, han decidido pegarle fuego a alguna embajada de ese país, boicotear sus productos... además de distintos actos de protesta, oficiales o espontáneos.

¡El debate se ha abierto! A un lado del ring, la libertad de expresión occidental. Al otro, la sensibilidad religiosa del pueblo musulmán que se siente insultado. Desde que sonó la campana (o ardió la primera embajada) el ejército de opinadores se ha lanzado a decir si prevale una o la otra, y ha tenido una repercusión importane en la blogosfera (muchos de los blogs a los que estoy suscrito han tocado ese tema).

Ahí va mi granito de arena. Creo que la discusión está un poco mal enfocada.

La libertad de expresión es muy importante para nosotros, los occidentales, y en su ejercicio molestamos todos los días la sensibilidad de alguien. Debido a eso se ha creado toda una filosofía de lo políticamente correcto que hace que llamemos "persona de la tercera edad" a los viejos, o que en los USA digan siempre "afroamericano" en vez de negro.

Cuando esto sucede en nuestro ámbito occidental, el ofendido acude a diversas vías para expresar su malestar/enfado/cólera/...: envía una carta al Director de algún periódico, se planta con unas pancartas en la entrada de la ubicación física del ofensor, acude a los tribunales representado por abogado y/o procurador, le da la brasa a las personas de su entorno (en la hora-café del trabajo o en una cena familiar). Etc, etc, etc.

A su vez el ofensor puede optar, una vez recibida la protesta, por disculparse públicamente, encogerse de hombros, enviar una carta de rectificación, defenderse en los tribunales, llegar a una transacción amistosa. Etc, etc, etc también.

Eso pasa todos los días. Unas veces estamos de acuerdo con el libre expresador y otras con el ofendido. Y todo el mundo tendrá su pedacito de razón.

Personalmente yo me siento ofendido por muchas cosas que suceden en mi entorno inmediato o no: no hace falta hacer una lista, y normalmente mi reacción es darle la brasa a mis seres queridos y hacer un post cabreado sobre el tema en mi blog.

En el caso de las caricaturas de Mahoma, el foco de la cuestión está en que la parte ofendida, en vez de envíar una carta al Director de algún periódico, plantarse con unas pancartas en la entrada de la ubicación física del ofensor, acudir a los tribunales representado por abogado y/o procurador, o dar la brasa a las personas de su entorno, han decidido darle brasa, pero brasa física, a la embajada del país donde está domiciliado el periódico que publicó las caricaturas y esparciar amenazas de muerte por todo el orbe.

Puedo entender su enfado, y puedo intentar entender sus valores y sensibilidad particular, pero no puedo entender ni aceptar que se eche a la calle de mala manera, en forma de turba y con una tea en la mano.

Es esto último lo que hay que defender: que otro no le pueda pegar fuego a tu casa por haberle ofendido, y que después, tú le puedas pedir perdón.

Dejo aparte el dato que las caricaturas son de ¿septiembre de 2005? y que la polémica estalla ahora. ¿Hay alguien calentando el horno?




No me hables de libertad, que me pongo a temblar

En algunos lugares del Tercer Mundo -sí, sí, ese lugar en el que tienen que vivir tan mal, para proporcionarnos materias primas y mano de obra baratas, para que nosotros vivamos tan bien y nuestro sistema democrático y capitalista funcione- se echan a temblar cuando oyen la palabra libertad.

Porque, política exterior de las distintas administraciones EE.UU mediante, esta palabra ha ido estrechamente ligada a una serie de fenómenos o grupos que ninguna sociedad desea para sí.

Quizá el ejemplo más significativo sea el apelativo "freedoom fighters", usado tan a menudo para referirse a grupos paramilitares o escuadrones de la muerte.
Pero hay otros muchos ejemplos... la palabra libertad no está muy abajo en el ranking de palabras prostituidas y se ha utilizado para referirse a:

  • golpes militares contra gobiernos
  • guerras coloniales
  • expoliación de recursos naturales sin permiso de sus legítimos propietarios
  • sometimiento de la soberanía nacional de un país a otro más poderoso
  • etc.

Es muy del gusto de la derecha norteamericana utilizar el término libertad para referirse a comportamientos propios que bastante poco tienen que ver con el término. Y cuanto más fuerte e insistentemente la pronuncian, mayor suele ser la iniquidad que encubren.

Esa moda también ha llegado a España. Tan fuertemente que, por arte de birlibirloque, políticos y otros personajes que siempre hemos considerado de la derecha más rancia pasan a autodenominarse liberales y utilizan el término libertad de forma habitual.

Esperanza Aguirre, señora de muy buena familia, católica, no demasiado culta y destacado miembro del PP cita al filósofo ¡Karl Popper! en sus discursos y arrima a su sardina el ascua hermosa de su libro "La sociedad abierta y sus enemigos". Y todo para finalmente obligar a nuestros hijos a estudiar Religión -o sí o sí-, y para garantizar a los colegios concertados (los que de siempre hemos llamado "de curas", ahora se llaman concertados) el goloso pecunio del erario público y seguir manteniendo sus corralitos pijos.

Federico Jiménez Losantos, martillo de herejes y defensor de la fe que profesa la Conferencia Episcopal (sea cual sea esa fe, además de la católica) clama también por la libertad cada vez que alguien critica y juzga sus soflamas, y eso que lo pone fácil, el muy cafre. Y todo ¿para qué?. Para mantener su privilegio a denigrar e insultar a sus contrarios, para despreciar la soberanía popular expresada en las urnas en las últimas elecciones generales y, para mantener las cuotas de poder económico asignadas durante el anterior gobierno del PP.

En estas cosas se nota que vivimos en un mundo globalizado: el cinismo también es susceptible de globalizarse, amigos.

Y de este modo, libertad, una palabra tan tan hermosa, mira en lo que se ha convertido... en la puta de los más groseros e inicuos de entre los privilegiados.

¿Dónde están los ciudadanos?

Cuando yo estudiaba BUP se podía elegir entre la asignatura de Religión y la de Ética.

El primer año, opté por Religión (opté entre comillas, porque no sé si era siquiera consciente de tener otra opción). La asignatura era impartida por una monja de paisano, "Concilio Vaticano II Style", que intentaba adaptar a aquellos años 80 el mensaje del Evangelio.

Fue agradable, porque la señora era una persona muy agradable. Acabé el año no sabiendo muy bien a qué habíamos dedicado aquella hora semanal durante todo el curso, ni entendiendo muy qué era toda esa cosa esotérica que nos contaba, pero el adolescente de 14 años que era entonces apreció la mejora sobre las experiencias anteriores con la misma materia. ¡Qué eufemísticamente me he referido al aprendizaje memorístico del Catecismo! ("¿Por qué Jesús te ama?. Jesús te ama porque...").

Aprendida y aburrida la lección, al año siguiente me matriculé en Etica y así hasta finalizar COU. El cambio no fue pequeño y no sé muy cómo resumirlo. Unos profesores rojos-rojos, , mayo del 68 total... y en general bastante frikis, pero que nos empezaron a plantear y nos hicieron pensar y debatir sobre temas "tan candentes" como: la droga, la violencia política, los valores constitucionales, los distintos modelos económicos y sociales y un largo etcétera de temas, que tres años de Ética dieron para mucho.

Estos señores nos plantearon cuestiones que estaban ahí, delante de nosotros. En el Bilbao de los años 80 había mucha droga en la calle, y terrorismo, la democracia acababa de llegar hasta nosotros y aún teníamos que aprender el significado de conceptos como libertad (todas las libertades de...), igualdad, derechos civiles y políticos...

Luego fue la Universidad. Como elegí la carrera de Derecho, tuve la ocasión de estudiar Derecho Político o Constitucional: teoría general del derecho político (principios básicos), derecho político comparado (de otros países) y derecho constitucional español (o sea nuestra Constitución). Y más adelante fue el Derecho Administrativo y el Derecho Autonómico Vasco.

Y después de este periplo, reabierto el debate sobre qué deben estudiar nuestros niños para formarse, pero para formarse como seres políticos y morales, como ciudadanos y como partícipes en la sociedad, no como técnicos (astronautas o fontaneros), he elaborado una opinión propia.

No coincido con el anterior Gobierno del Partido Popular, en el que el menú (sorprendente) educativo se componía de Religión o Historia de las religiones.

Tampoco coincido con el señor Ramírez, director de El Mundo, al que he escuchado hoy en la COPE calificar de esotérica a una nueva asignatura denominada "Iniciación a la Ciudadanía" que debe ser parte de la propuesta de Ley Orgánica de Educación, actualmente en debate.

Y no coincido, porque entiendo que una sociedad democrática puede estar -o no- compuesta por creyentes y/o por ateos, por budistas y/o cristianos, por rojos y/o conservadores... y los porcentajes entre uno y otro pueden variar mucho, incluso carecer de algún grupo, y seguiremos viviendo en democracia.

Pero los que no pueden faltar en una democracia, y en la nuestra creo que faltan y por faltan de educación, son ciudadanos. Es decir, personas con la formación, el conocimiento y la voluntad necesarias para formar parte activa de la vida pública. Ya sé que me estoy poniendo muy griego, y que los griegos era media docena -y con los esclavos haciendo el trabajo feo- y nosotros millones y el mundo ahora mucho más complicado.

Una República, aunque sea una Monarquía, no puede permitirse -si no desea ser pervertida por los poderosos o arruinada por los estultos- es que sus ciudadanos no conozcan los principios que rigen la vida política y el origen e historia de esos principios, y que no tengan los rudimentos básicos para poder decidir sobre su destino, controlar a quienes les rigen y participar en mayor o menor medida en la vida pública.

Eso que el señor Ramírez considera esotérico, que es nada menos que formar a los jóvenes ciudadanos en los valores y normas constitucionales como marco mínimo de convivencia en una nación determinada, me parece a mí algo simplemente fundamental.

Y luego a partir de aquí, sea Ud. cristiano, protestante, musulmán, ortodoxo, o ateo perdido... Pero primero conozca -y aprenda a respetar y/o a criticar- el actual mínimo de consenso sobre derechos, obligaciones y forma de vida que es el texto político fundamental de una nación.

Y este aprendizaje hagámoslo en la escuela y obligatorio; y "el otro", es decir, la Religión y sus historias, digo su Historia, que se la enseñen en casa los padres a sus hijos si es su deseo, o si es en la escuela, como otra actividad extraescolar más, pues a la vida pública, insisto, la religión y la longitud de pelo de sus ciudadanos no le interesa... salvo que deseemos una república de nuevos fundamentalistas de uno o de otro color.

Quizá así, consigamos una nación de ciudadanos, y no de borregos que se acercan a votar cada cierto tiempo y que son motivados a ello con engaños y argumentos de tercera por los políticos y los medios de comunicación.

Esto da para otro comentario, pero otro día.

Así negocia la Iglesia

Con ese poderío que te da tener a Dios cubriéndote las espaldas
"Recibí a los representantes de la Conferencia Episcopal -el principal portavoz era monseñor Yanes; su asesor era José María de la Cierva; el secretario de la Conferencia Episcopal era Fernando Sebastián; y el representante de la FERE, de la Federación de Enseñanza Religiosa, era Martín-. Yanes me dijo que, puesto que estaba demostrando buena disposición para el diálogo, podíamos proseguir con el procedimiento seguido hasta entonces. Y, en ese momento, sacó de la cartera unos borradores de decretos y de órdenes ministeriales, hechos en papel cebolla, un papel muy especial, donde se leía: "Decreto nº (blanco), Real Decreto nº (blanco)"; más abajo, seguía el encabezamiento del BOE, un texto y, abajo, la firma: "El ministro de Educación". Es decir, ¡ellos trasladaban sus deseos directamente en decreto! Escribían el decreto y lo único que se esperaba era que el ministro estampara la firma."

José María Maravall, primer ministro de Educación del Gobierno de Felipe González.

Las declaraciones salen en el libro de María Antonia Iglesias "La Memoria recuperada", y son parte de una conversación entre la periodista y el ex ministro.

Tomado prestado de Escolar

Esto sí que es un reality-bite

"Los medios de comunicación son una industria de relaciones públicas de la élite política y económica!"
(según escolar.net la frase es de Noam Chomsky)

Desencanto, pero que mucho desencanto

En "1984" (el libro no el año) Orwell nos anuncia que hemos perdido la batalla contra el poder, a manos de los medios de comunicación esas nuevas herramientas de dominación.

Se acabó el sueño de otro mundo que atrapó a su generación (la del antifascismo, los movimientos obreros y las brigadas internacionales).

En los 60/70, unos chavalotes greñudos un poco pasados de sustancias psicotrópicas, volvieron a tener sueños. Incautos: la profecía de Orwell ya estaba escrita Quizá otro mundo sea posible... pero sólo después de una catástrofe.

Comentario sugerido por este post de Halón Disparado