Caricaturas de Mahoma

(Madre mía, en qué tema/berenjenal me voy a meter)

Todo el mundo a estas alturas saben que algunos musulmanes están algo enfadados por unas caricaturas de Mahoma aparecidas en un períodico danés. Su enfado es tal, que una parte de ellos, han decidido pegarle fuego a alguna embajada de ese país, boicotear sus productos... además de distintos actos de protesta, oficiales o espontáneos.

¡El debate se ha abierto! A un lado del ring, la libertad de expresión occidental. Al otro, la sensibilidad religiosa del pueblo musulmán que se siente insultado. Desde que sonó la campana (o ardió la primera embajada) el ejército de opinadores se ha lanzado a decir si prevale una o la otra, y ha tenido una repercusión importane en la blogosfera (muchos de los blogs a los que estoy suscrito han tocado ese tema).

Ahí va mi granito de arena. Creo que la discusión está un poco mal enfocada.

La libertad de expresión es muy importante para nosotros, los occidentales, y en su ejercicio molestamos todos los días la sensibilidad de alguien. Debido a eso se ha creado toda una filosofía de lo políticamente correcto que hace que llamemos "persona de la tercera edad" a los viejos, o que en los USA digan siempre "afroamericano" en vez de negro.

Cuando esto sucede en nuestro ámbito occidental, el ofendido acude a diversas vías para expresar su malestar/enfado/cólera/...: envía una carta al Director de algún periódico, se planta con unas pancartas en la entrada de la ubicación física del ofensor, acude a los tribunales representado por abogado y/o procurador, le da la brasa a las personas de su entorno (en la hora-café del trabajo o en una cena familiar). Etc, etc, etc.

A su vez el ofensor puede optar, una vez recibida la protesta, por disculparse públicamente, encogerse de hombros, enviar una carta de rectificación, defenderse en los tribunales, llegar a una transacción amistosa. Etc, etc, etc también.

Eso pasa todos los días. Unas veces estamos de acuerdo con el libre expresador y otras con el ofendido. Y todo el mundo tendrá su pedacito de razón.

Personalmente yo me siento ofendido por muchas cosas que suceden en mi entorno inmediato o no: no hace falta hacer una lista, y normalmente mi reacción es darle la brasa a mis seres queridos y hacer un post cabreado sobre el tema en mi blog.

En el caso de las caricaturas de Mahoma, el foco de la cuestión está en que la parte ofendida, en vez de envíar una carta al Director de algún periódico, plantarse con unas pancartas en la entrada de la ubicación física del ofensor, acudir a los tribunales representado por abogado y/o procurador, o dar la brasa a las personas de su entorno, han decidido darle brasa, pero brasa física, a la embajada del país donde está domiciliado el periódico que publicó las caricaturas y esparciar amenazas de muerte por todo el orbe.

Puedo entender su enfado, y puedo intentar entender sus valores y sensibilidad particular, pero no puedo entender ni aceptar que se eche a la calle de mala manera, en forma de turba y con una tea en la mano.

Es esto último lo que hay que defender: que otro no le pueda pegar fuego a tu casa por haberle ofendido, y que después, tú le puedas pedir perdón.

Dejo aparte el dato que las caricaturas son de ¿septiembre de 2005? y que la polémica estalla ahora. ¿Hay alguien calentando el horno?