No me hables de libertad, que me pongo a temblar

En algunos lugares del Tercer Mundo -sí, sí, ese lugar en el que tienen que vivir tan mal, para proporcionarnos materias primas y mano de obra baratas, para que nosotros vivamos tan bien y nuestro sistema democrático y capitalista funcione- se echan a temblar cuando oyen la palabra libertad.

Porque, política exterior de las distintas administraciones EE.UU mediante, esta palabra ha ido estrechamente ligada a una serie de fenómenos o grupos que ninguna sociedad desea para sí.

Quizá el ejemplo más significativo sea el apelativo "freedoom fighters", usado tan a menudo para referirse a grupos paramilitares o escuadrones de la muerte.
Pero hay otros muchos ejemplos... la palabra libertad no está muy abajo en el ranking de palabras prostituidas y se ha utilizado para referirse a:

  • golpes militares contra gobiernos
  • guerras coloniales
  • expoliación de recursos naturales sin permiso de sus legítimos propietarios
  • sometimiento de la soberanía nacional de un país a otro más poderoso
  • etc.

Es muy del gusto de la derecha norteamericana utilizar el término libertad para referirse a comportamientos propios que bastante poco tienen que ver con el término. Y cuanto más fuerte e insistentemente la pronuncian, mayor suele ser la iniquidad que encubren.

Esa moda también ha llegado a España. Tan fuertemente que, por arte de birlibirloque, políticos y otros personajes que siempre hemos considerado de la derecha más rancia pasan a autodenominarse liberales y utilizan el término libertad de forma habitual.

Esperanza Aguirre, señora de muy buena familia, católica, no demasiado culta y destacado miembro del PP cita al filósofo ¡Karl Popper! en sus discursos y arrima a su sardina el ascua hermosa de su libro "La sociedad abierta y sus enemigos". Y todo para finalmente obligar a nuestros hijos a estudiar Religión -o sí o sí-, y para garantizar a los colegios concertados (los que de siempre hemos llamado "de curas", ahora se llaman concertados) el goloso pecunio del erario público y seguir manteniendo sus corralitos pijos.

Federico Jiménez Losantos, martillo de herejes y defensor de la fe que profesa la Conferencia Episcopal (sea cual sea esa fe, además de la católica) clama también por la libertad cada vez que alguien critica y juzga sus soflamas, y eso que lo pone fácil, el muy cafre. Y todo ¿para qué?. Para mantener su privilegio a denigrar e insultar a sus contrarios, para despreciar la soberanía popular expresada en las urnas en las últimas elecciones generales y, para mantener las cuotas de poder económico asignadas durante el anterior gobierno del PP.

En estas cosas se nota que vivimos en un mundo globalizado: el cinismo también es susceptible de globalizarse, amigos.

Y de este modo, libertad, una palabra tan tan hermosa, mira en lo que se ha convertido... en la puta de los más groseros e inicuos de entre los privilegiados.